lunes, 10 de noviembre de 2014

Un cuento

Solamente el deseo puede ser libre.
Buscas la paz y encuentras prohibición.
Y buscas la cultura, lo que la naturaleza había  dejando al azar, el instinto sexual.
El calor inunda tus sentidos.
Sueñas con el deseo carnal.
Con ese beso perenne que te persigue.
Pero te despiertas.
Y sólo queda una mueca en tus labios dejando en el espejo un guiño al olvido.
Y con su sacrificio restauras el orden y te vuelves pacificador, salvador, como un dios.
Pero el bien y el mal son dos aspectos de una misma realidad.
Y es que  los dioses son codiciosos y beligerantes, incluso a veces más que los demonios.
Me cuento un cuento que no prohíbe más que lo que suscita.

5 comentarios:

las viudas de David dijo...

El deseo deberia ser libre, a veces nos creamos las prohibiciones
Saludos

Anónimo dijo...

Me clavas

Anónimo dijo...

cuentame otro cuento

Anónimo dijo...

erase una vez una ballena que iba vacia

Anónimo dijo...

me gusta, muy sugerente