sábado, 19 de noviembre de 2011

Aventuras imprescindibles

Diez aventuras para viajar por toda clase de peligros imaginarios.
Clásicos de ayer para leer en el presente y en el futuro.
01 ROBINSON CRUSOE de Daniel Defoe
02 MIGUEL STROGOFF de Julio Verne
03 GULLIVER de Jonathan Swift
04 MOBY DICK de Herman Melville
05 TOM SAWYER de Mark Twain
06 LA LLAMADA DE LA SELVA de Jack London
07 EL LIBRO DE LA SELVA de Rudyard Kipling
08 LORD JIM de Joseph Conrad
09 EL TESORO DE SIERRA MADRE de B. Traven
10 EL CONDE DE MONTECRSITO de A. Dumas

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se me ocurrió que aún podría sacar muchas cosas útiles del barco, y me decidí a hacer otro viaje a bordo... Hallé 2 o 3 cajas de clavos y tornillos, un gran barreno, 1 o 2 docenas de hachuelas, y lo más precioso de todo, una piedra de afilar... Seguí yendo diariamente al barco, aprovechando la marea baja... Lo que más me alegró en aquellos viajes es que después de estar 5 o 6 veces, y cuando ya no esperaba encontrar nada que valiera la pena mover de su sitio, seguía descubriendo cosas que me servían... En la cabina del capitán hallé una caja con 36 libras esterlinas en monedas europeas, brasileñas y algunas piezas de oro y plata. Sonreí a la vista de aquel dinero. ¿Para qué me sirves?', exclamé... Pero luego lo pensé mejor y tomé el dinero.
Mis pensamientos estaban ahora consagrados a encontrar los medios de asegurarme contra los salvajes y las bestias que pudiera haber en la isla... Calculé aquello que necesitaba en forma indispensable: en primer lugar agua dulce y aire saludable; luego abrigo y seguridad; finalmente, que si Dios me enviaba algún barco por las cercanías, no perdiera yo esa oportunidad de salvarme.
En el barco encontré plumas, tinta y papel, e hice lo indecible por economizarlos; mientras duró la tinta pude llevar una crónica muy exacta, pero cuando se terminó me hallé imposibilitado de continuarla, ya que no pude hacer tinta a pesar de todo lo que probé. Esto vino a demostrarme que necesitaba muchas cosas fuera de las que había acumulado. Habiendo conseguido acostumbrar un poco mi espíritu a su actual condición y abandonando la costumbre de mirar al mar por si divisaba algún navío, me apliqué desde entonces a organizar mi vida y a hacerla lo más confortable posible... Fabriqué una mesa y una silla. "
Las aventuras de Robinson Crusoe

Anónimo dijo...

nO HAY NADA COMO LEER