lunes, 11 de octubre de 2010

In Memoriam


Un mes después de la derrota.
El oleaje de la eternidad devoró la dorada imagen de mi padre.
Con gritos internos de espanto su purpúreo cuerpo se apagó.
Y su voz oscura lamentándose como ecos sobre el mar se hundió bajo los astros al callado amanecer.
Amaba el sol. Su vivir era serio y puro era su rostro. Tímido pero con un corazón valiente.
Orgulloso y fiel de los suyos. Honrado y satisfecho hasta los últimos momentos.
Tristeza tormentosa.
Dulce parece la muerte llamándonos bajo su manto hasta lugares donde se duerme en el reino del silencio.
Y entonces no somos más que una llama.
En cada uno de nosotros arde y se extingue lo mejor.
Palabras y agradecimientos infinitos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo siento mucho.
Siempre guardaré en la retina su ferz huerta, su orgullo de tenerla y la sonrisa al mostrarla.
Desde Alicante, un leonés.

Javier dijo...

ARTE DE MAGIA

Sin moverme de mí,
desaparecí.
Nada por allá,
nada por aquí.

Nada,nadie,nada.

No estoy donde estaba.
No estoy,simplemente.
Así,
de repente,
me desvanecí
sin dejar vestigio.

¿Quién hizo el prodigio?

La muerte es la mejor prestidigitadora.

CIERRO LOS OJOS...Y SIGUES VIVO EN MI MEMORIA