domingo, 25 de abril de 2010

Estrellas

La luz del sol partía el día en dos mitades:
En una, el viajero parece un poeta que afila sus ojos, observando sin cesar, convidando a un desayuno con diamantes, un té en el desierto o un vermú bajo las cataratas del Iguazú. A compartir secretos a mares y viajar hacia rumbos desconocidos que se divisan más allá de la locura.
En otra los viajeros escriben con distracción animada. Los anhelos giran de un lado a otro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No conocía esa faceta tan evocadora de sentimientos