lunes, 12 de abril de 2010

Antes y después de la derrota

En la búsqueda de lo correcto.
Sorpresa contenida. Alegría interna.
La presencia intangible hace brotar cascadas de intenciones, risas con acento contenido.

El icono se convierte de inmediato en un número elevado al infinito.
Como un cohete en un viaje sideral.
En la noche ya entrada, las tormentas imaginarias hacen su trabajo, maldicen las limitaciones y aparece la lividez de la cara, los ojos perdidos, el deberle algo al cuerpo, a la noche, a uno mismo.

Todo es espiral, como un muelle que se retuerce con elástica soltura.
Abandonado por las letras, acompaña la lectura la imagen creada y el existencialismo latente.
La inconsistencia de la mente, la insoportable levedad del ser.

3 comentarios:

Javier dijo...

...pájaros en la cabeza ...

Alberto dijo...

molan los pájaros y las espirales, hasta el color azul y rojo...

Anónimo dijo...

Que bonito es el texto. Me apunto desde hoy