viernes, 19 de marzo de 2010

Condensación

Un día, mientras me quejaba caminando al azar y cuando el puñal del pensamiento afilaba muy despacio en mi corazón, vi como se cernía sobe mí un nubarrón fúnebre de una tormenta.
Arriba y abajo…
Con mirar turbado por la tormenta, busqué el cielo ya lejano de la ingenuidad.
Lágrimas perezosas, fragilidad, densos temores, fantasmas esparcidos.
Después de caminar en lo más hondo del abismo, dónde hierven nuestras ansias, un rayo de luz alumbró la cueva y el viento gritó con fuerza:
Como almas desordenadas llegamos al destino huyendo del vacío que en nosotros habita.
Nuevos horizontes que el día se llevó.

Interminables estrellas.
Cuando el tiempo se condensa sin piedad hay que ser consciente de lo que somos y hacia donde vamos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la luz guía del fondo siempre existe, solo hace falta mirar y querer creer

Lucía dijo...

que bonito